Si en el anterior artículo hablaba de lo importante que es divertirse jugando al baloncesto, en este artículo voy a hablar de dos conceptos interrelacionados entre sí que son igual de importantes para desarrollar un buen juego. Estos conceptos son la credibilidad y la comunicación del entrenador respecto al equipo.
Es básico que un entrenador tenga CREDIBILIDAD ante sus jugadores y que estos estén seguros de que las propuestas del entrenador son eficaces y crean que estas van a funcionar para conseguir los objetivos del equipo.
Para que se entienda mejor, puedo decir que estoy seguro de que si un entrenador plantea unos sistemas técnico-tácticos normalitos o incluso limitados, pero los jugadores creen en esos planteamientos y los realizan con total convencimiento de su funcionalidad, estos planteamientos serán muy eficaces. Por el contrario, si un entrenador plantea los mejores sistemas técnico-tácticos posibles, pero este entrenador no tiene credibilidad ante sus jugadores, estos planteamientos no serán eficaces ya que los realizaran sin convencimiento.
Está claro que el entrenador tiene que ganarse esta credibilidad ante sus jugadores, aunque la complejidad de la personalidad humana hace que existan multitud de factores que hagan más fácil o más difícil esta labor. Y más si se juntan tantas personalidades distintas en un equipo, entre jugadores y cuerpo técnico.
Todos tienen que poner de su parte. El entrenador, además de trabajar de forma seria, tiene que tener unas normas de comportamiento claras y actuar siempre de forma consecuente con ellas. Y los jugadores tienen que dar un voto de confianza a los planteamientos del entrenador, ya que tanto la confianza como la desconfianza se contagian y al final los jugadores actúan como un conjunto y pueden pasar de un estado a otro en poco tiempo.
El hecho de que el entrenador pierda su credibilidad ante un equipo concreto NO significa que sea mejor o peor entrenador, ya que depende, como hemos dicho, de multitud de factores personales y un solo hecho aislado puede hacer que esto suceda. Por esta razón, en muchas ocasiones los equipos dan la sensación de necesitar un cambio de aires. Y es común ver como un entrenador no ha podido hacer funcionar un equipo, pero es capaz de sacar lo mejor de otro equipo distinto.
Tenemos un ejemplo cercano en el tiempo. La salida de Messina del Real Madrid ha traído muchas reacciones y opiniones. Hay defensores y detractores del técnico italiano, pero creo que nadie puede poner en duda la validez de Messina como entrenador. Y seguramente volverá a triunfar con otro equipo en un futuro cercano. Una de las opiniones sobre este asunto fue la de Oscar Quintana que declaró: “yo creo que tendrá sus razones y, como entrenador, está claro que hay que ser muy honesto y muy valiente para tomar esa decisión y más con su currículo y dejar su puesto de trabajo”. Es muy posible que la dimisión de Messina viniera propiciada por esta falta de credibilidad ante sus jugadores, lo que hacía imposible que sus planteamientos técnico-tácticos, incluso motivantes, funcionaran.
Para terminar, quiero hablar de lo importante que es la COMUNICACIÓN que debe existir entre el entrenador y sus jugadores. Y no solo me refiero al trato que tenga como personas, que está claro que si es bueno facilitará mucho toda la labor de todos dentro del equipo. Sino que me estoy refiriendo a la capacidad que tiene el entrenador para trasmitir sus ideas y sus conceptos; su capacidad para hacer que los jugadores lo entiendan con claridad y para convencerles de las bondades de estas ideas (con esto volvemos al tema de la credibilidad).
Sobre este tema, quiero rescatar una reflexión de Pedro Martínez donde decía que “saber llegar a los jugadores es básico porque por muy buenas reflexiones o ideas que tengas se van a quedar en eso, en ideas. Cuando llega a calar es cuando pasan a ser parte del bagaje táctico del equipo”.
Por lo tanto, como conclusión podríamos decir que el entrenador “ideal”, además de tener muchos conocimientos técnico-tácticos sobre el baloncesto, debe ser un buen motivador, un buen comunicador, ser honesto en tu trabajo y consecuente con sus normas y principios. Además nunca vienen mal los conocimientos sobre psicología individual y de grupos. Esto conlleva una formación continua que no termina nunca, y aún con todo esto, nunca se podrá asegurar que un entrenador triunfará siempre con todos los equipos que entrene, ya que el entrenador ideal es el que encuentra su equipo ideal.

